Los contactos que los adultos establecen son en su mayoría para concretar vínculos laborales o sociales. El universo adulto se mueve dentro de unas condiciones en las cuales es más exitoso aquel que tenga una red social amplia y conformada por otros adultos interesantes y bien posicionados. Es verdad, tiene más posibilidades laborales aquel que tiene muchos conocidos, pero no siempre éstos son compañías fructíferas y amenas para la vida cotidiana.
Muchos adultos se sienten personas mayores pero siguen teniendo el deseo de ser niños. Cuántos conocidos no tenemos que, siendo ya mayores, aún están en búsqueda de juguetes y diversión no muy destinada para adultos. Tíos que se sientan a jugar bastantes horas al Play Station del sobrinito y se dejan poseer por algunos video juegos que son pensados más para el adulto que para el infante. Y es que algunos juegos con un alto grado de violencia podrían ser mejor entendidos por una persona mayor, que por un niño que quiere todo explorar.
Numerosos casos hay de adultos solteros, en los que las ganas de platicar y divertirse con gente mucho más joven que ellos persiste. El hecho de crecer corporalmente, de experimentar cambios que vienen de la mano con las edades, no significa necesariamente que la mente adquiera pareja madurez.
La adultez es un estado y una condición a la que muchos llegan con temores y deseos pertenecientes a otras edades como la niñez y la adolescencia. Es natural esta falta de coherencia humana, pues con el pasar del tiempo vamos dejando sin realizar muchos sueños y deseos, atraídos o motivados por otros tantos. Estos puede generar vacíos que se sentirán sólo con el pasar del tiempo, pero también es aprender a ser adulto, a madurar, saber cómo llenarlos con los elementos que brinda el presente, para sentirse pleno con el pasar de los años, con la vida misma. En últimas, la clave es comprender que juventud y vejez no son más que meras palabras.