Movido por la necesidad, me postulé una vez como aspirante a un puesto de ejecutivo en una agencia de viajes y turismo; convencido de que con lo que tengo en la cabeza me bastarÃa para responder más que bien a las exigencias de esa vacante, acudà el dÃa de la entrevista laboral a las oficinas de la empresa, que buscaba una persona que se encargara del manejo de la agencia de viajes online.
No tengo nada contra las agencias de viajes y turismo; pero siempre que me acerco a una, tengo la sensación de que “algoâ€? me va a salir muy caro. En fin, asistà muy puntual a la cita; me aguardaban las señoritas bien vestidas de Recursos Humanos, que me invitaron a pasar adelante, y me ubicaron en la sala de espera de esa elegante agencia de viajes argentina, enclavada en pleno microcentro de Buenos Aires. Al cabo de unos instantes – durante los que admiré la decoración del sitio – se presentó ante mà una joven, en fino traje de ejecutiva, y me invitó a seguirla dentro de una sala, donde me esperaba un caballero pulcramente vestido, que inmediatamente me extendió la mano y pidió que me sentara. Yo estaba admirado ante la elegancia de estas personas, y me incomodaban en demasÃa los cordones desatados de mis tenis rotos.
Luego de una charla en la que quisieron conocerme, me preguntaron acerca de mis opiniones en torno a las agencias de viajes españolas. Quedé atónito, ¿qué podÃa decir? - “Estuve en Gijón una vez, por unos dÃas… pero de agencias de viajes españolas no sé nadaâ€?, respondÃ. – “Y, ¿sabés algo entonces sobre franquicias de agencias de viajes?; ¿tenés conocimiento de otras agencias de viajes virtuales?â€?, preguntó al instante la joven ejecutiva. “… ¡Eeh… pues la verdad no mucho!â€? (hubiera podido responder por lo menos que sabÃa que se ocupaban de la venta de planes turÃsticos, pero fue todo lo que acerté a decir en el momento). Hubo silencio en el cuarto. Entonces decidà actuar rápido; me puse de pie y salà como alma que lleva el diablo, lamentando lo caro que tuve que pagar esa visita a una agencia de viajes.