El ahorro es la acción de diferir el uso de algo que poseemos hoy, con la intención de maximizar la gratificación que ese bien nos genera. Esto lo aprendemos desde muy pequeños y casi de forma innata podríamos decir, cuando, por ejemplo, decidíamos no comer el relleno de crema de nuestras galletitas sino hasta el final, cuando era lo último que quedaba.
Con el tiempo, uno comienza a convivir a diario con el ahorro, sin embargo resulta paradójico que, siendo algo con lo que prácticamente todos nos hemos desarrollado, hoy sea un problema de alcance mundial.
En efecto, acaso hoy el mundo entero no clama por medidas de ahorro energetico. Y no es que los consumos se incrementan solo por que la población crece exponencialmente, por el contrario es un tema cultural, pues si bien todos solicitamos a nuestros gobiernos por este tema, cuando tenemos que aportar nuestro pequeño grano de arena poco hacemos por ello. ¿Nos preocupamos por el ahorro de agua cuando llenamos nuestras bañeras para disfrutar de un baño de sales e inmersión?
Asi sólo parece preocuparnos cuales son las tasas de interés que abonan las mejores cuentas de ahorro, o si estan los depositos de ahorro seguros en tal Banco o en otro. Por suerte, para la humanidad toda, esta constante carrera materialista que se ha generado y que impulsa a las personas a ahorrar ha dotado al hombre de una gimnasia vital para manejar el ahorro e inversion de tal forma que la postergación de las gratificaciones inmediatas nos permita legar a nuestros hijos el bien mas preciado, la vida humana.