Una vez en Madrid me reunió la casualidad con unas personas que eran mis amigos. Querían pasear, conocer Europa; asistir a la LoveParade. Yo estudiaba en aquel entonces en la universidad, y como la mayoría de los estudiantes que conozco, tenía el dinero meticulosa y celosamente medido. No tenía yo entre mis planes pasear ni cotizar precios de alquiler de coches en esa ciudad. Pero querían viajar mis amigos, y además, no me hablaban de alquiler de coches de lujo precisamente, sino de rentar un carro entre todos y de salir, la mañana siguiente, rumbo a Berlín. El alquiler de coches baratos en Madrid parece ser un negocio movido; ya había escuchado mencionar algo yo al respecto, y tras hacer la averiguación, constatamos entre todos que de veras era mucho más conveniente, dadas las características del grupo de viajeros, no interesados en madrugar ni en afanarse. Por eso el alquiler de coches en España representó esa vez la alternativa más inesperada y al mismo tiempo más confortable en términos de dinero y versatilidad para viajar que pudiéramos esperar. ¿Cómo iba a negarme al paseo? Además me servía el aventón, pues yo me quedaría de regreso en una ciudad pequeña.