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Perro Quien alguna vez tuvo la suerte de disfrutar de contar con algunos de los denominados "animales de compañia", como un gatito, un loro o un perro, sabrá el cariño que estos seres pueden brindar.
Todavía recuerdo la primera vez que concurrí con mi padre a la una de las tiendas de mascotas de mi pueblo para elegir mi primer compañero de aventuras.
Porque tener una mascota cuando se es niño es contar con un amigo y compañero incondicional de todas las aventuras que un chico puede tener.
En esa ocasión que fui a la tienda vi una cantidad indescriptible de animales exoticos que yo nunca hubiera pensado que existían. Hámsters, cuis, cacatúas, lagartos, ratoncitos, gatitos, perros, conejos. Un sin fin de seres, que hasta el momento eran desconocidos para mí. Incluso vi animales marinos, los cuales nunca había visto fuera de la televisión.
De la tienda de mascotas salimos con el perrito más chiquito que había visto en mi vida. Negro como la noche, este pequeño se convirtió en mi mejor amigo, mi hermano, mi confidente, mi compañero de aventuras en el campo.
Y fuimos creciendo juntos. Él mucho más rápido que yo, pero nunca me di cuenta. Aunque sí lo supe en el momento que su vejez le dio paso a otra vida.
Dieciséis años estuve con él. Dieciséis años en los que me enseñó el valor de la verdadera amistad sin una sola palabra.
Es por eso que no comprendo cómo la gente de este mundo puede maltratar a un animalito. Porque si hubieran pasado dos minutos con mi perro, o con cualquiera de los millones que hay en este mundo, no haría falta una sociedad protectora de animales. Su sola compañía sería suficiente.
Tener a mi perro durante mi infancia sin duda me hizo mejor persona. Y el cariño que me brindó, hasta el día de hoy está presente en mi.