La belleza y la estética son conceptos muy subjetivos. Como reza el dicho popular “entre gustos no hay disgustos” y lo que no proporciona una regular autoestima, no lo puede brindar una tarde entera en un salon de belleza y estetica.
Los centros de belleza y estetica están en la sociedad para ayudar a resaltar la gracia de las personas. Después de regalarle toda una jornada al enaltecimiento de la belleza en la peluqueria y en en el salón de estetica, las mujeres van renovadas a casa y sólo quieren ser admiradas y observadas por donde caminan. Si ellas llegan a su casa y su pareja no se da cuenta de que se han hecho un cambio en su cabello, en su maquillaje, de seguro ellas se sentirán molestas e insignificantes, pues el agasajo que esperaban no fue recibido.
No obstante, es un error de interpretación estetica esperar que la belleza y el encanto propio sean la única salud para el espíritu. También lo es pensar que los demás son un espejo o un eco de lo que queremos ver y oír. Ante todo, el individuo debe quererse así mismo, aceptar los llamados defectos que posea y sentirse satisfecho de su esencia.
Visitar innumerables veces al año un salón de belleza no restaura la confianza y la autoestima perdidas, sólo es una ayuda. Para sentir el espíritu tranquilo y el ánimo contento es verdaderamente necesario encontrar móviles internos que incentiven y valoricen la propia existencia.
De poco sirve verse hermosa o hermoso si el interior está triste, egoísta y lleno de negros sentimientos. La verdadera salud estética nace desde adentro, es decir, de sentirse bien consigo mismo y de cultivar la mente. La moda actual que dicta el parangón de cómo deben verse todos no es la voz más nutritiva a escuchar.
Atenúe los ruidos cotidianos de la publicidad, los estereotipos y los vecinos y haga el ejercicio de escucharse a sí misma o a sí mismo. Encuéntrese el gusto de ser como es para comenzar a valorarse. Después de hallar la satisfacción en su propia respiración y cosmovisión, estará lista o listo para cambiar su peinado, pues ya peinó su yo interior con el mejor de los estilos, el suyo propio.