¿Hemos llegado al punto de calcularlo todo? El amor ¿también? Es muy probable que junto con la tendencia individualista del momento hayamos instaurado en nuestras formas el love calculator. Aunque una canción de Bob Sinclair diga que somos lo contrario, La “love generation?. Con el siglo de las deudas y los préstamos, todo debe ser calculado: calcular hipoteca, calcular seguro, calcular prestamo, todo, absolutamente todo, incluso hasta las horas con las cuales se puede degustar una tarde con alguien.
Todo empezó con una calculadora, creo yo. Ese aparatito que nos fascina cuando somos niños y que las profesoras a vox populí dicen: “no se puede, debes aprender a hacer las operaciones básicas sin ella?. Sin embargo, más adelante sólo era posible calcular la tangente y otras curvas más, con una gran calculadora, al punto que nos volvemos una sola con el aparato, vienen incorporadas en los celulares, en los despertadores, en las computadoras, en todo y entonces cómo no calcular el amor mismo, como vivir la vida sin intentar calcularla, incluso hasta calcular el peso ideal? Lo peor es que cuando estaba en el último grado del colegio, el regalo que más desee fue una calculadora cientifica casio, pensar que alguien de la generación actual pediría un Ipod, eso de estar calculando, ya pasó de moda.
Hace poco tuve la oportunidad de leerme el tarot. Mi tarotista de pila me decía, tienes que matar a esa persona “calculadora? que hay en ti ¡lo está arruinando todo! “Va a llegar una pareja muy importante en tu vida, pero de seguir así se cansará de ti?. La cuestión no es tan sencilla como parece ¿cómo matarla? Cuando intento dejarla a un lado me parece que intento vivir una vida de hippie y tampoco creo sentirme bien sin medir aquí y allá lo que, a mi modo de ver, se hace necesario.