Yo sé poco de calefacciones, porque vengo de tierra caliente; la única calefacción que conozco es la calefacción solar natural, esa que hace arder a Santiago de Cali desde las 11 de la mañana, y que hacia las 3 de la tarde, parece estarla derritiendo (y pensar que la energÃa que recibe la Tierra del Sol es de solamente una dos mil millonésima parte de la energÃa irradiada por nuestra querida estrella.
DecÃa que sé poco de calefacciones, pues aprendà cuán útiles hace unos diez años, quizás, en el invierno alemán. Sin calefaccion central en invierno es algo que no quiere uno tener que experimentar. El invierno que acaba de despedirse de Buenos Aires, dicen, ha sido de los más frÃos; en julio nevó sobre las calles porteñas, y el apartamento que provisoriamente habÃamos arrendado no tenÃa sistemas de calefacción. Déjeme decirle que no fue agradable, si es que usted no lo sabe.
Leyendo recientemente sobre sistemas de calefaccion por energia solar (sin tildes, como es la ortografÃa castellana de moda ahora en la Web) me topé en la red con algo inesperado; con algo llamado calefacción por suelo radiante. Y me maravilló más aún descubrir que se trata de sistemas de calefaccion bien antiguos, conocidos por romanos y europeos de antaño. “Se trata de introducir calor en el suelo y dejar que la radiación ambiente las casas. Esto se conseguÃa construyendo canales por debajo del suelo y haciendo circular aire caliente por ellosâ€?, decÃa en la red… Es sorprendente… Aunque ahora que he conocido el frÃo de cerca, creo que no me sorprende tanto que el hombre haya dedicado parte de su tiempo a la investigación sobre sistemas de calefacción porque, de verdad, el frÃo, crudo, que taja las carnes y eriza la médula no se compara con el ardor perpetuo de las áridas calles de mi barrio.