Un dÃa fui a ver a Sylvester Stallone en el filme “Halcónâ€?, que trataba de cómo un camionero deseaba recuperar a su hijo de las garras de su adinerado y avaro suegro, el abuelo del niño, quien lo custodiaba desde que la madre del infante habÃa perecido. El filme, que no recuerdo bien, tenÃa como protagonista al actor mencionado, que a punta de brazo y fuerza bruta, instinto de padre dulzón y trompadas logra su cometido al final de la pelÃcula.
Pero el protagonista velado, que se muestra a lo largo de todo el film, y que sin duda es mucho más llamativo que el actor protagónico es, sin duda alguna, un camión; el camión de “Halcónâ€?, como llamaban al personaje principal de la pelÃcula.
Esa era – y siempre lo ha sido – la razón principal por la que uno fijaba la vista en la pantalla. Y considero que la producción del filme y su guionista concibieron bien el hecho de que, en lugar de otorgarle al protagonista alguno de esos enormes y lujosos camiones nuevos, le proporcionaran un camión avejentado, roÃdo por el uso; algo que muchos autófilos encontramos agradable. El uso y el desgaste a veces también embellecen. Ese era el caso del camión de Halcón.
El caso es que cuando salà del teatro descubrà que habÃa desarrollado dentro del cine un gusto inexplicable, y que antes no tenÃa, por los camiones, y decidà ahorrar con ahÃnco -¡ah, la infancia, qué cosas permite! – hasta encontrar camiones usados en venta que pudieran servirme de casa rodante, como en esa pelÃcula, para viajar en uno que me gustara a lo largo de Suramérica. Pero mis ganas de encontrar una compra venta de camiones fueron tan fugaces como el argumento del filme, dejé de buscar la dichosa venta de camiones usados. ¿Recuerda usted ese filme?