Muchos son los ojos que se posan sobre las cantantes famosas que deleitan con los harmoniosos trinos de sus voces al público fanático, dispuesto a seguirlas en muchos casos hasta el fin del mundo. Confeccionar una elaborada lista de cantantes a fin de clasificarlos o clasificarlas según sus géneros es, sin duda, un trabajo extenso que demandaría mucha dedicación; y cuyos propósitos difícilmente se dejan inferir, ¿para qué hacer una enumeración de los cantantes latinos famosos, por ejemplo, si lo que interesa verdaderamente es qué tan bien cantan, qué tanto saben hacernos gozar con la música y sus mensajes, mucho más allá de a cuál género se circunscriben sus creaciones, cosa bastante difusa de todos modos?
A lo más que uno podría ceñirse es a una catalogación – si por fuerza una se precisa – de los cantantes según su procedencia. Podríamos entonces hacer un listado de los cantantes colombianos, y aprender que Carlos Vives o Shakira son de ese país; de cantantes franceses y mencionar a la exquisita Édith Piaf o al siempre incisivo Georges Brassens, cuya inteligente guitarra, magnífica voz y poderosos mensajes han marcado profundamente a sus seguidores.
Con semejantes exponentes de la canción mundial, los nuevos cantantes deberán esforzarse demasiado si quieren encontrar un lugar en el corazón del público, cosa definitivamente diferente a tener éxito mediático espectacular. Una cosa es lo uno, y otra lo otro. Un cantante nuevo tiene que ser capaz de luchar contra la moda y contra las imposiciones del espectáculo, para que sea él y su mensaje lo que cautive a la masa, y no el andamiaje publicitario que suele acompañar el lanzamiento al estrellato de las nuevas voces.