Fuente de la imagen :
Hongo Entretenerse con un juego de cartas es una práctica bien común entre las familias y los grupos de amigos. También en soledad, es posible distraer el mal ánimo con el siempre disponible juego solitario.
Y aunque ya cada vez es menos ejercida la acción de escribir cartas de amor, de amistad, de buenos y malos deseos, la escritura puede ser igualmente un ejercicio reconfortante, purificante y que trascienda al tiempo.
Un gran número de personas llevan un diario personal. Un librito que se completa día a día con las cosas que más impactaron a un individuo. Los diarios personales son, a veces, como escribir una carta para nosotros mismos y para la posteridad.
Aunque muchos jamás lo hayan pensado, un diario personal puede poseer valiosos indicios de lo que configuraba una época. Para un historiador, las historias de vida y las percepciones de vida de los individuos, son material potencialmente estimable para reconstruir el clima social de una época y un lugar determinados.
Hasta en los viejos y olvidados poemas de amor, podrían hallarse huellas que llevarían a hipótesis, por ejemplo, de la forma en la que se relacionaba la gente en un tiempo establecido: ¿En las relaciones personales primaba anteriormente más la formalidad que la espontaneidad? ¿Cuál era el rito predominante de cortejo?
Si bien es difícil creer que el futuro personal o de un grupo de personas se puede deducir del orden de las cartas de tarot, es más fácil pensar que el pasado puede ser reconstruido e interpretado, en una parte, por las cartas y diarios personales de los que escribieron pensando que sus palabras eran sólo para ellos.