Hoy tengo ganas de darle un regalo a mi paladar. Salgo entonces a comprar champaña. Me antojan en el mercado redondas botellas verdes: champaña Trapiche, champaña Freixenet, champaña murville. Quizá me decida por una buena champaña argentina o por una auténtica champaña francesa. Para que pueda deleitarme con esta espumeante bebida, han tenido que pasar siglos de perfeccionamiento en los viñedos franceses, de donde surgió esta delicada bebida.
Para hacerse una idea de los comienzos de la elaboración de la champaña, es necesario remontarse a la época en la que vive y obra Dom Pérignon, a mediados del siglo XVII. Monsieur Pérignon es un personaje sumergido en el mito; lo que se sabe de él puede ser el producto de la entrometida imaginación de un historiador o, tal vez, aproximada recreación de como él fue. Se escucha que Pérignon era ciego y que tan sólo con probar una uvita, sabÃa el viñedo del que ésta provenÃa. Su importante aporte fue el perfeccionamiento de los métodos de recolección y cosecha de la uva, para procurar obtener un vino enteramente blanco. Estas modificaciones configuraron lo que se conoce hoy como “método champenoiseâ€?.
Luego este método experimentó otra serie de progresos. En el siglo XVIII, Nicolás Ruinart, quien habÃa aprendido los secretos de la fabricación de ese burbujueante licor en el seno de su familia, funda la primera bodega de champaña, “La maison Ruinartâ€?, donde se elaborará una bebida espumosa de gran calidad. En el siglo siguiente, una dama muy creativa, Nicole-Barbe Clicquot, conocida como la "viuda de Clicquot", inventó nuevos pasos para el método champenoise. Sus ideas fueron tan acertadas en cuanto a la calidad de este vino, que siguen siendo practicadas, con la salvedad de que los procedimientos han cambiado de lo manual a lo mecánico. Ella logró que la champaña fuera todavÃa más libre de impurezas y de sedimentos que la afeaban. Hoy en dÃa, su espÃritu sigue vivo en “Veuve de Clicquot Ponsardinâ€?, la bodega que lleva sus apellidos, el de casada y soltera y que es la misma que ella creó hace más de cien años.
Ahora, con esta delicada creación en mi mano, llegó la hora de decir “¡salud!�, “santé!�, “cheers!�, "zum Wohl!".
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