Las competiciones sirven para valorar nuestras capacidades en diferentes ámbitos, o para conocer el concepto que alguna producción propia podría generar en otros. En un concurso literario, por ejemplo, un jurado valorará la creatividad de nuestra obra; pero aunque no salgamos bien librados en los resultados, nada de esto debe dar pie para el desánimo, sino, por el contrario, para elevar nuestra perseverancia en la consecución de perfeccionar nuestra escritura.
Un concurso público es abierto casi cada día, en tu país y en muchos otros. Los Estados encuentran en este tipo de eventos una fuerza motivadora para los ciudadanos, un incentivo para el arte en todos sus aspectos; desde un concurso de poesia, hasta uno de arquitectura, buscan innovaciones valiosas que surgen pero que muchas veces no se hacen públicas.
Los Estados tienen la misión de promover la cultura entre los ciudadanos, de renovar las expresiones artísticas, de nutrir la mente por medio de la circulación de arte. Hasta los concursos de belleza, con todo el capital que en ellos se invierte, generan reunión de la familia, de los vecinos, de los que disfrutan este tipo de eventos. Hacerle fuerza a la candidata nacional en miss universo, es una acción que congrega y edifica al pueblo, tanto como un partido de fútbol en las eliminatorias del mundial.
Sin embargo, en este campo, la gran inversión de capital debería inyectarse en eventos, acciones que propicien el desarrollo de las mentes y la alimentación del espíritu de los ciudadanos. Los concursos públicos son un buen elemento para alcanzar este objetivo, para hacer pública la creatividad de un ama de casa, de un estudiante, de un fotógrafo aficionado. En las expresiones artísticas es posible leer las percepciones que de la sociedad y de la vida se tienen.
1.30691