Lo primero que yo oà decir sobre una tal “dama blancaâ€? fue que se trataba de un diamante sin parangones en su tamaño y quilates, de un valor, por lo tanto casi infinanciable por cualquiera que quisiera adquirirlo. Luego aprendà que habÃa un juego dama blanca y que una especie de araña que se mimetiza en el blanco inmaculado de ciertas flores recibe ese mismo nombre, amén de un pájaro de aspecto muy simpático. De un momento a otro, todo resultó llamándose como ese misterioso diamante, del que tanto oà hablar y que jamás, ni siquiera en fotografÃas, vi.
Después descubrà la receta dama blanca para un suculento e inolvidable helado de vainilla; otra dama blanca. En los bares conocà el coctel dama blanca, que se prepara con un tercio de Cointreau, un tercio de Ginebra y la proporción restante de zumo de limón (si usted desea aprender a preparar este u otros cócteles, visite esta página:
www.osamayor.com/cocteles/damablanca/).
Y ahora me entero de que, aparte del trago dama blanca también ha sido usad el nombre de esa esa blanca dama en una canción de arma blanca y dlux, y que hay una letra de dama blanca musicalizando en estos momentos las microondas. No era un diamante, al fin y al cabo, esa tal dama blanca. Es todo, todo puede ser dama blanca; la famosa y codiciada gema de la que se me habló tanto cuando chico parece no existir. Pero lo que sà tiene mucho uso y relevancia es el nombre que en conjunto constituyen las voces “dama� y “blanca�. Y hay que ver lo bien que le viene al arácnido del que hablé antes, que se oculta en el color blanco de las flores mediante la pureza del suyo. Toda una dama blanca.