¡Cómo me mortifica a mí oír hablar de ejemplos de tipos de carta! Y, muy a mi pesar, existen numerosas personas que se dedican a componerlos, y a ofrecérselos a la gente que, por regla general, prefiere evitar hacer las cosas importantes personalmente.
¡Caramba!, una carta al señor gerente de una importante compañía a la que usted quisiera pertenecer es algo importante que debe redactar usted mismo, y debe usted tratar de poner en ella su empeño, hacerla suya; o bien, puede acudir a ejemplos de cartas empresariales, que atiborran la Internet, y sucumbir bajo el peso del montón.
¿Cree usted de verdad que una misiva extraída de un ejemplo de carta de trabajo va a producir impacto en el lector, cuando quizás ese ejecutivo lee documentos idénticos a ese por cientos cada semana? No es una buena idea si lo que usted quiere es marcar la diferencia con su carta, si de verdad espera que su texto impacte en el lector.
Los ejemplos de tipos de cartas son guías poco eficaces, y a lo sumo, si he de ceder un poco, contribuyen a que usted se ciña al formalismo y no desentone. Pregúntese usted por un segundo qué puede ser más inoficioso que un ejemplo de una carta formal. ¿Qué se enseña con el ejemplo éste?, ¿a poner la fecha? No, no y no. Yo creo que la mejor manera de aprender a escribir cartas de todo tipo es sencillo y práctico: escribiéndolas.
Claro que hay excepciones. Las cartas que uno envía a una embajada deben ajustarse a unas condiciones. O las cartas de poder, por ejemplo, que precisan detalles jurídicos, bien requieren de un ejemplo de una carta poder, por si las moscas, yo tengo uno entre mis documentos.