Parece mentira a quienes no lo experimentan, pero muchas son las personas que sienten tamañas inseguridades al asistir a encuentros personales o al entablar relaciones con la gente y que, por lo tanto, en muchas ocasiones, prefieren el ostracismo, y aislándose de la sociedad eligen el transcurso de su existencia. Un hombre con semejante aversión, casi patológica, a todo tipo de cercanÃa humana, difÃcilmente puede llegar a establecer encuentros con mujeres de carácter sentimental serio; y su vida retraÃda prosigue – después de tales encuentros amorosos eventuales – alrededor de su Ãngrima soledad.
Esta clase de personas puede, sin embargo, sentirse feliz y conforme con los alcances e innovaciones de la tecnologÃa aplicada a las telecomunicaciones. En la Internet hay cientos de sitios de encuentro virtuales en donde cada persona se transforma, merced a la fantasÃa ciberespacial, en un personaje que, aunque irreal, “viveâ€? la vida de los retraÃdos detrás de la pantalla. En esos cibermundos hay que ir a trabajar, tomar el metro y/o comprar en los centros comerciales, todo es posible. El huraño cibernauta que teme a las mujeres reales puede demandar online un encuentro matrimonial virtual con una chica que él, con anterioridad y meticulosidad, haya podido seleccionar.
Sin embargo – y por fortuna - la mayorÃa de la población no padece animadversiones restrictivas en contra de las otras personas y, grosso modo, hemos podido (¡allá más que acá, acá mucho más que por allá!) relacionarnos los unos con los otros – ley mediante – para componer nuestra sociedad, en la que los encuentros de parejas no son nada infrecuentes y que, podrÃamos decirlo, corroboran el crecimiento sostenido de la población humana, que sigue en aumento.