Se nos dice desde siempre que tenemos derecho a estar bien. Y mayoritariamente en las casas con un elevado nivel de bienestar, desde chiquillos se nos crÃa con la comodidad de estar bien: abrigados, con el estómago lleno, saludables y listos para la diversión; se nos enseña que debemos exigir nuestro derecho a estar bien en todas partes, como si nuestro bienestar familiar fuera el común denominador, cuando existen zonas densamente pobladas con personas que poco o nada han escuchado ni siquiera acerca de lo que es el bienestar social; gente que padece las angustias más miserables y desconsoladoras, para quienes trabajo y bienestar no son más que palabras de polÃtico en cada ciclo electoral.
Las polÃticas de salud y bienestar social, tan fundamentales para estar de verdad bien, no alcanzan a cubrir a la mayor parte de la población de los paÃses en desarrollo, que debido a sus altos márgenes de pobreza y a la corrupción estatal, condenan a sus ciudadanos a morar en la amargura diaria de la supervivencia, luchando contra enfermedades y el hambre, el frÃo y la desigualdad.
¿Estar bien? Los estadounidenses, por ejemplo, se preocupan mucho por eso; y debido a que tienen plata para ello, quieren además que sus mascotas pasen también “a great timeâ€?. De manera que mientras más de la mitad de la población mundial no tiene condiciones para “estar bienâ€?, la sociedad norteamericana desarrolla polÃticas de salud y bienestar animal. De lo que se infiere que la pasan mejor los perros y los gatos en los EEUU que muchas personas de, por ejemplo, los barrios terriblemente deprimidos del Distrito de Aguablanca, en Santiago de Cali, Colombia. ¿Podemos exigir bienestar si nos interesa poco cómo se sienten los demás?