Someterse a una prueba es traumático para todo el mundo. No importa si es un examen vocacional que te dirá para qué eres bueno en este mundo.
El tema es sentirse evaluado. No debe haber muchas personas en este mundo que soporten tranquilamente un examen único sin sentirse presionaos. O incluso para el chequeo médico, cuando te piden hacer un examen general de orina, es también traumático, porque nunca sabes qué puede resultar de eso (por más que tengas la mente tranquila).
Realmente no son muchos las pruebas que debemos rendir, es decir, no damos el examen de cenval todos los meses, pero esas pocas veces son suficientes para que nuestro cuerpo muestre todas las señales de peligro.
Manos sudorosas, voz entrecortada, cuerpo tembloroso y sonrisita nerviosa. Señales inequívocas de alguien a punto de dar un examen.
No es lo mismo cuando damos el examen de manejo por primera vez, porque en ese momento, el nerviosismo se esconde tras la excitación de estar cerca de obtener el permiso para manejar el coche. ¿Y quién no quiere salir manejando con su licencia?
Sobre todo porque el beneficio es directo. Salir con la acreditación para manejar es más gratificante y concreto que obtener la nota más alta en Francés.
Si duda, para aquellos que dan el examen nacional de residencias medicas la historia es otra. Los futuros médicos del país no deberían sentir el mismo nerviosismo que otros estudiantes o profesionales. O por lo menos es lo que los que no hemos rendido nunca este test, creemos.
Pero sin duda, rendir examen es tan necesario que ya casi nadie se lo cuestiona. Y debe ser así. Mientras tanto sigamos probando con el té de tilo.