Mientras buscaba alojamiento entre la gran manzana de hostales encontré la calle Canaria. Allí, entre los recovecos de un barrio laberíntico y dificultoso para sentirse ubicado, perdido entre las edificaciones y palmas gigantes de Gran Canaria, estaba viviendo un lugar como una experiencia en él mismo, en mí mismo.
Miré de nuevo el mapa de Gran Canaria y, sin entender dónde me hallaba parado, me sentí a la deriva entre el desolado y encantador paisaje. Nunca antes había sentido algo así. Hallarse perdido, deliciosamente perdido. Abollonado por la exquisitez de un lugar, que no deja de asombrar a la retina y a la percepción. Flotando sobre esa mágica sensación de no saber a dónde ir, como dice la canción; entregado sólo a la situación, a ese espacio de ciudad, sin nada más preocupar.
Sí, a si me sentía, eso era lo que me producía el nuevo punto de parada del viaje. Hotel en letras rojas y Gran Canaria en la misma tipografía, pero con forma curveada levemente, leí cuando levanté la cabeza al salir de mi ensoñación. Había llegado al nombre que retumbaba en mi cabeza días antes, al pensar en el viaje. Ese hotel me producía cierta sensación de buenaventura que me llevaba a ansiar llegar a Gran Canaria.
Difícil entender cuál era la magia que producía en mí un lugar como ése. A ratos, me daba la impresión de que estaba entrando al mismo Hotel California; una lugar del que uno no puede zafarse... Una idea que viene y no se va.
Ya había atravesado el océano. Estaba en la isla bonita, frente a ese hotel imperante que aparecía en todos mis sueños sin saber yo de dónde provenía su imagen. Allí estaba y era momento de entrar. Si, era un hotel bello, con todo, hasta con anuncio de eventos especiales...
Bienvenido al Hotel Gran Canaria,
Hoy bienvenida especial al huésped más esperado...
... Sí... usted.
Lugar y hora: Salón Canario, 19:47
Traje de coctel
Sólo para quien lo ha visto
Miré a mi alrededor ¿Sólo yo había visto aquel anuncio de cabaret ambulante? 12:00... La curiosidad no me dejaría llegar vivo a la hora del coctel.