México fue devastado por los católicos españoles en la conquista, lo que sin duda le permitió a la corona europea hacerse de los suficientes respaldos económicos para afrontar siglos más tarde la guerra de los 30 años, y desde entonces fueron absolutamente hegemónicos en el mundo occidental.
Pero el catolicismo no logró terminar con los indígenas americanos, quienes muchos años más tarde fueron reivindicados en varias oportunidades, la primera fue en el siglo XIX.
En México, los años 30 fueron un hervidero de ideas, marcado por un constante movimiento artístico, político y cultural que sentó las bases para la cultura mexicana contemporánea.
La moda de los años 30 en el país no dejaba de lado las tradiciones europeas, pero comenzaron a surgir las raíces de un movimiento nacional.
A principios de la década, mientras que en México se estaba forjando el pensamiento socialista, impulsado por los pintores Diego Rivera, Roberto Montenegro, el dibujante Adolfo Bes Maugard y el cineasta Gabriel Fernández Ledesma, quienes trabajaron junto al director soviético Sergei Eisenstein
El soviético le dio un impulso nunca antes visto al indigenismo de los años 30 y, junto a los artistas mexicanos, comenzaron una nueva corriente, resaltando la imagen del indio mexicano.
Eisenstein decidió filmar una película en las ruinas de la civilización prehispánica con los indios locales, algo que hasta el momento nadie había realizado.
El resultado fue una película de imágenes muy fuertes que mostraban una visión sensible, con gran fuerza dramática, muy distinto a lo visto hasta ese momento.
Este interés por el indígena mexicano fue una de las características de la moda de los años 30, con el soviético a la cabeza, pero con un fuerte apoyo e impulso de los artistas locales.
Al mismo tiempo, Frida Khalo, a los 30 años, vivía junto a su marido este movimiento y plasmaba en sus obras este carácter de lo real y de lo mexicano que le daría fama mundial.
Esta valoración del indígena mexicano no alcanzó a convertirse en una tendencia ni una moda en los años 30, pero influenció a muchos cineastas locales, quienes comenzaron a ver en sus raíces una fuente de saber invalorable.
Si bien los historiadores del tema concuerdan que el aporte de Eisenstein fue muy importante, fue el apoyo de la comunidad mexicana.
El indigenismo en Latinoamérica sigue vivo gracias a las reivindicaciones culturales, y ninguna cultura hegemónica pudo terminar con las tradiciones de los antepasados de América.