Cierta vez asistà invitado a un paseo a la región Calima, donde un embalse enorme es utilizado como lago para actividades náuticas por los pobladores (muchos de ellos adinerados de verdad) de las zonas aledañas. Me sentÃa intrigado por la palabra jetski; no me alcanzaba a imaginar qué podÃa ser ese artefacto del que tanto se hablaba, y que todos querÃan conducir.
Lo siento, pero digo la verdad, a los 15 años nunca habÃa visto un watercraft. SabÃa que existÃan las “motos de aguaâ€?, y estaba perfectamente consciente de que esas “motos de aguaâ€? eran cosa bien diferente de una kawasaki klr 650, por lo menos; es decir, conocÃa las motos y “las motos de aguaâ€?, pero, ¿¡un waterkraft!?, no, lo siento, no lo conocÃa.
Repito que conocÃa desde mucho antes – cualquiera las conoce – las motos kawasaki, ¿quién no se imaginó alguna vez al comando de una poderosa kawasaki ninja 250, a toda velocidad en la autopista, desafiando a la muerte y poniendo en riesgo la vida de los demás conductores, y de transeúntes en las esquinas, quienes, queriendo cruzar, calculan la distancia sin contar con el indescriptible poder de aceleración de esa nave espacial clásica entre las motocicletas, capaz de comerse la distancia con sus ruedas?
Esa vez, cuando me acerqué al muelle y vi la “moto de aguaâ€? sentà un poco de desazón; no porque me hubiera producido decepción el aparato, que encontré de lo más llamativo. La tristeza se debÃa a que yo estaba absolutamente seguro de que me iba a quedar gustando tanto el desafÃo de conducirla sobre las aguas de ese lago artificial, que no sabrÃa sobrellevar la tristeza de no poder volverlo a hacer nunca más. Y heme aquÃ, 15 años después, esperando que me inviten a otro paseo a un lago. Esta vez iré preparado, ahora sé que es un jetski, ya sé que es un watercraft; y por si fuera poco tengo una bella kawasaki ex 500 en el garaje varada.