Como repitiendo un esquema de campaña publicitaria, Lindsay Lohan vuelve al mercado musical después de tres años fuera de escenario, de la mano de una recurso bien utilizado en este medio: una novia y una situación problemática.
El próximo 4 de noviembre se lanzará el más reciente trabajo discográfico de Lindsay Lohan. La emoción alrededor de la salida del disco se aloja en el nuevo conflicto, más que en la ansiedad de sus fans por escuchar su poca innovadora música.
El disco, llamado hasta hace poco Spirit in the dark, promete ser una mezcla de todos los ritmos que por estos días están de moda: dance, pop, rap y R&B. Sin embargo, la falta de originalidad no sólo es musical. El recurso de Lindsay Lohan, o quizás de sus representantes, esta vez apuesta a una muy trillada táctica.
El altercado ahora recae en la riña entre Lindsay Lohan y los ejecutivos de su sello discográfico. Pues, a pocos meses de poner el disco en circulación, la cantante quiere cambiar el nombre del disco por el de su nueva novia, la dj Ronson. Las razones de Lohan parecen ser claras: es una dedicatoria a alguien que influenció mucho en el desarrollo del disco. El enojo de los ejecutivos también: ya el arte final del disco había sido mandado a imprimir.
Sea lo que sea, lo claro es que esto no parece ser más que una amañada jugada publicitaria para revivir una carrera que poco se siente en el medio por su calidad musical, y mucho se deja conocer sólo por mera imagen y ganas de figurar a toda consta.