La escena es muy común en la vida moderna. Llega una tarjeta de invitación a una boda, un cumpleaños o cualquier tipo de celebración y adjunto está la lista de regalo y a veces el sitio donde se puede comprar.
La época en que después de la fiesta de boda se abrían los regalos y la pareja terminaba con tres licuadoras y cuatro planchas ha terminado. Ahora se opta por elegir las cosas que realmente se necesiten o deseen y pedirle a quienes asistirán a la fiesta que elijan el regalo que más les conviene dar, sea por cuestiones monetarias o simplemente porque se acerca a lo ya planeado. Personalmente sientiría un poco de vergüenza al "exigir" qué quiero que me regalen, pero hay que tenr en cuenta que soy yo la única persona que sé qué necesito.
Quizá sea la lista de regalos para boda la más común, porque una pareja que inicia su vida en conjunto requiere dotar su casa; esta lista por lo general incluye elementos de cocina, electrodomésticos y artículos para la decoración; por lo general hay una asesoría por parte de un almacén por departamentos y la lista queda en el mismo almacén para que los compradores elijan qué regalar.
También es muy común la lista de regalos para el baby shower, la futura mamá en compañía de sus amigas más cercanas analiza sus necesidades y organiza una reunión donde los invitados le regalan cunas, biberones, pañales, ropa y la infinidad de artículos que se requieren para la llegada del bebé.
A nivel familiar en los últimos años también se ha hecho común la lista de regalos navideños, lo que es muy práctico porque evitamos pensar en qué regalarle a cada persona.
Después de todo los niños siempre iniciaron esta tradición porque acercándose el final de año escribían la lista de regalos para navidad que deben enviarle a Santa Claus, acompañada de el detalle de las buenas acciones realizadas.
Llegó el siglo XXI y con él este tipo de nuevas convenciones sociales que eliminaron la vergüenza y convirtieron las fiestas en un modelo de practicidad.