En algunas regiones de Latinoamérica se le llama llantas a la acumulación de adiposidades alrededor de la cintura. Es más que clara la analogía, pues la similitud salta a la vista, sobre todo si uno mismo ha tenido, alguna vez, que lidiar con los kilos que sobran.
Sostengo que la comparación es apropiada, piénsese en las llantas momo y reténganse en la memoria por un instante; descubra su redondez perfecta y el diseño de su círculo, que habla de velocidad sin obstáculos. O imagínese un almacén de llantas Goodyear donde yacen, exponiendo sus surcos al público que acude a comprar llantas de calidad, apiladas una sobre otra en negras torres cilíndricas de caucho vulcanizado.
Las circunferencias de goma asemejan la barriga nuestra cuando nos hemos descuidado comiendo y viendo tele. Quizás un círculo menos geométricamente perfecto se forma alrededor de nuestros cintos, pues la piel flácida no es perfecta, sobra decirlo. Pero la apariencia de una llanta o varias llantas rodeando nuestro vientre la tiene sin duda la masa de tejido graso que se nos acumula en ese sitio, cuando decidimos que dejamos de tener tiempo para hacer deporte como corresponde.
Es curioso, porque siendo el automovilismo un deporte que demanda tanta concentración y mucha resistencia física, en casi toda oferta de llantas aparecen a veces interesados en dar con llantas para BMW; y aseguran gustar de la práctica del deporte del motor. Muchas de esas personas han perdido – como otra gente alrededor de la Tierra – su línea y son víctimas de la epidemia de la obesidad. ¿Pensarán que comprar llantas deportivas para su automóvil es una manera de introducir el deporte en sus vidas?