Pasa frecuentemente que el que ríe a carcajadas al final termina con una sabrosa sensación de placer, algo parecido a cuando uno siente esa deliciosa pereza después de haber comido bien. En definitiva, sentiría uno como un feliz reposo del cuerpo y del ánimo.
Otras acciones humanas, como llorar, producen un post-efecto en el que la persona suele sentirse descargada del nudo de sentimientos en su garganta y pecho, después de haber exteriorizado todo por medio de torrenciales lágrimas.
La acción de llorar produce efectos similares a aquellos que genera la risa. Un desborde de sentimientos en conflicto, es el llanto muchas veces, una vía para darse un respiro y volver a pensar las situaciones.
Según parece, lo más importante del llanto es lo que éste dice. Llorar es una expresión, un desfogue que sólo es eso, una señal de que algo está por resolver interiormente. Un suspiro de algo mucho más complejo.
Reír, llorar, padecer, disfrutar... Todos experimentamos los mismos estados, pero no todos los escuchamos del mismo modo. De nada sirven estas vías de desagüe del alma si no significan nada para el que las siente o si pasan sin ser atendidas. Atención a las lágrimas, pueden decir mucho de lo que se siente verdaderamente, de lo que busca ser escuchado.