Es legÃtimo sentir curiosidad por quien invento los perfumes. ¿Existirá aquel remotÃsimo dÃa en el que cierto individuo puso nombre a su fragante invento? Es posible que los perfumes, por el contrario, sólo sean un producto de nuestra cultura; “inventadosâ€? desde siempre con el ánimo invariable de acercar nuestra carne a la sociedad; nuestra carne, que suda, excreta y expele sustancias como todo otro organismo viviente.
Y, a propósito de organismos vivientes, las sustancias de los perfumes son de orÃgenes sorpresivamente variados e inimaginables. Algunos de los perfumes más vendidos se fabrican con grasa de ballena o almizcle de ciervo o, incluso, con un componente raspado de las glándulas de la bolsa anal de gato de Algalia o civeta, un felino nocturno del sur de Asia.
Los hombres voltean a mirar porque huelen los perfumes de las mujeres, o de otros hombres, todo ocurre. Lo importante es que los aromas comunican un mensaje que, en términos generales, se puede leer como “acércateâ€? / “aléjateâ€?. Cuando hiede a mil demonios (la táctica de la civeta, que segrega una pasta de olor inmundo con el fin de ahuyentar a sus enemigos) es claro lo que debe interpretarse. Esa misma sustancia apestosa constituye uno de los elementos que se mezcla en determinados perfumes; pero tras procesos quÃmicos ésta se reelabora hasta sentar la base de fragancias delicadamente sensuales. Los frascos que contienen los perfumes deben intentar sugerirles a nuestros ojos a qué huele su contenido, y para ello los diseñadores de dichos frascos se esfuerzan mucho, en vano. ¿Cómo explicar a la vista a qué huele un beso?