Frecuentemente se oye decir que las chicas bonitas la tienen muy fácil, que debido a que son chicas hermosas les va bien en la vida. No sé si pueda uno comulgar con esa impresión del sentido común, pues existen chicas que, siendo bellas, no consiguen más que sufrimientos y penurias; la vida no hace diferencias, a la hora de enfrentarnos contra la adversidad no hay lindos ni feas: sólo personas.
Sin embargo las chicas guapas – mal haría uno si no lo reconociera – tienen la ventaja de que, en lo que concierne a los hombres, placen a la vista; y si placen a la vista y alegran las miradas, ¿por qué no abriles las puertas?
Con frecuencia también se escucha decir que las chicas mexicanas son las más hermosas del continente, o que las colombianas son más preciosas que las demás mujeres del mundo, o que las venezolanas atraen más por su lindura que las de no sé dónde. Fruslerías, pues, al fin y al cabo, lo bello son las mujeres (mexicanas, argentinas, uruguayas…), además lo que se admira en este caso es su voluptuosidad y sensualidad, no el entorno de donde provienen.
De manera que cuando haya que hablar de la belleza de las chicas modelos, no debería convenir mencionar si la una viene de Xalapa, otras de Santiago de Cali, una más de Québec u otra de Minsk, sino que lo que realmente vendría al caso sería examinar las gracias con las que la madre naturaleza dotó de hermosura a cada una de esas Dulcineas.
1.31957