El doctor Arturo O’Byrne es una persona muy conocida en mi paÃs; entre los que saben, se asegura que él es uno de los mayores expertos del mundo en medicina biológica; es un médico naturópata reputado en Colombia, y por lo visto, una eminencia en esa especialidad. Su hijo mayor, que se llama como él, estudió conmigo en el Colegio Alemán de Cali; seguÃa una dieta naturopata inquebrantable, vegetariano extremista; de hecho, pienso que él, Arturo O’Byrne hijo es, aparte de un viejo amigo, el ejemplo por antonomasia de lo que es un naturopata.
La naturopatÃa es un método terapéutico en el que se estudian las propiedades y aplicaciones de los agentes naturales, con el objeto de mantener y recuperar la salud y el bienestar. Se afirma que el bienestar y la salud no pueden mantenerse si no se respetan determinadas condiciones que se entienden como “naturalesâ€? y, por ende, más próximas a la Madre Naturaleza. Hay que tener cuidado cuando se habla de esta nueva rama de la ciencia médica, pues el común de las personas suele atribuirles poderes curativos originados en el mito o la magia a propiedades en plantas que aún se desconocen del todo, y por deslizamiento, entiende mal la naturopatÃa y hasta desvirtúa el trabajo y la investigación de profesores como el papá de mi amigo.
No sé realmente por qué nunca me sometà a un tratamiento naturopata; pienso que quizás lo precise ahora, en estos últimos dÃas no he podido conciliar el sueño, el insomnio me ha acongojado demasiado y ha provocado la pérdida de tiempo muy valioso. Sé que en un centro naturopata, mediante un asesoramiento nutritivo a cargo de expertos en nutrición y en biologÃa humana, mediante una inspección a mi estilo de vida, mediante la incorporación de suplementos dietéticos y el uso de plantas medicinales, de la homeopatÃa y de un poco de medicina tradicional China – teniendo en cuenta al organismo como parte de la naturaleza – lograrÃan poner en equilibrio mis pensamientos y mi cuerpo, a efectos de regresarle la salud a mi trastornado sistema nervioso, que sufre lo indecible, además, de la incivilidad del vecino peruano del piso superior, que no nos deja dormir con tanto ruido.