Lo artesanal lentamente va saliendo de las manos de algunos que imprimían su marca dactilar en lo que elaboraban. Es el caso de muchas panificadoras que, ante la moderna maquinaria de panaderia, han reemplazado mucha de su producción manual por la de las máquinas.
En las recetas de panaderia que reposaban en el celoso cuaderno de algún panadero, ahora, ya popularizadas, su elaboración varia dependiendo de la mano por la que fueron hechas. Actual maquinaria para panaderia permite realizar distintas mezclas y procesos para hacer el tradicional pan, con el único esfuerzo para el panadero, o el aficionado, de agregar los ingredientes en sus medidas adecuadas en el interior de la máquina y dar inicio a los comandos adecuados de realización de masa y horneo. Aún así, es esperanza que en la panaderia y la bolleria siempre sean panaderos reales, apasionados por su trabajo, los que cocinen ese alimento infaltable en la canasta familiar. La panaderia y la pasteleria son prácticas altamente deleitables para los consumidores de las delicias que salen del horno.
El desarrollo de la tecnología es un devenir que parece acoger en su abrazo a todos los rubros y los campos del accionar humano. Imaginar al panadero como un simple funcionario de comandos en una máquina, es una proyección que resta magia a la elaboración del pan, pues casi elimina el contacto del hombre con la masa, de la persona con su oficio; es reducir la pasión hacia la elaboración de cosas o alimentos que hacen especial ciertos momentos de día, como tomar un café en compañía de un pan caliente. Esperemos que la tecnología no llegue tan lejos, hasta un momento irreal en donde el hombre no sea más que una palanca de una máquina.