Para una mujer encontrar un buen peluquero es tan importante como respirar.
Confiarle a una persona que tiene un par de tijeras nuestra imagen, es como caminar con los ojos vendados por el borde de un precipicio.
¿Quién no ha salido llorando de una peluquerÃa? O peor ¿quién no se ha sentido una estrella en el sillon de peluquero para pasar a sentirse un mamarracho frente al espejo de casa?
Las historias van de trágicas a cómicas. Incluso, conozco mujeres que se han peleado con el peluquero a muerte, al punto de ponerse en la puerta del salón para disuadir a las posibles clientas.
Otras, han pasado dÃas completos sin bañarse para perpetuar el peinado.
Porque del amor al odio hay un sólo paso decÃa mi abuelo...
La navaja del peluquero puede crear los mejores looks en las modelos y actrices, pero algunos descarados no son capaces de decirle a sus clientas del barrio que ese carré divino de Charlize Theron no puede verse bien en una cabeza completa de rulos.
Los peluqueros son una raza aparte. Porque seamos sinceras, ¿quién en su sano juicio escucharÃa a las mujeres tanto tiempo? Ni siquiera los psicólogos pasan por las torturas que pasan estos hombres.
Quizás algunos sigan en el rubro luego de varios tratamientos psicológicos, pero otros prefieran convertirse en peluquero canino.
Por eso amigas, aferrémosnos a ese tan amado confidente que cada sábado, sin faltar, escucha nuestros problemas con la bruja de la jefa o del dormido de nuestro marido.
En sus manos podemos sentirnos las diosas del Olimpo y la Bruja del 71.
Salud! Por estos religiosos del cabello.