Acaso no haya un tema más ameno para conversar durante un buen rato que el que ofrecen los perros y gatos en nuestra sociedad, dentro de nuestras familias; no hace falta haber crecido junto a un perro labrador para reconocer uno.
Como los gatos, los perros de raza han sido modelados por la evolución según la injerencia que la sociedad ha efectuado sobre cada tipo de raza. Así, por ejemplo, a los perros que saltaban al agua con fruición y traían de regreso a su amo algún recado (fuera un pato muerto o un palito), se les prefirió sobre otras clases de perro que no hacían semejantes periplos. Con los gatos debió de haber pasado algo similar, aunque es sabido que el carácter de los gatos no es precisamente el de mascotas muy colaboradoras; con todo, los gatos que presentaron unos rasgos por sobre otros fueron siendo seleccionados primero por la sociedad humana, posteriormente por la evolución, que dio nacimiento a gatos de todos los aspectos. Los egipcios tenían una variedad de gato calvo, los peruanos, una de perro sin pelo.
Los criaderos de perros reúnen a los representantes más propicios de las razas caninas preferidas y coadyuvan en la generación de ejemplares de estirpe. Cuando vaya a comprar perros sepa que, tanto entre seres humanos como entre seres de otras especies animales – las razas no son más que rasgos exteriores al organismo. El tamaño de un chihuaha no tiene que ver con lo cariñoso que puede llegar a ser ese perro. Fíjese en uno que le guste. Al fin y al cabo, lo que importa es tener un perro o un gato, no cuál es su raza.