El sueño de todo estudiante es llegar a recibirse y convertirse en profesional, sea la rama que sea. Pero el problema es que al recibirse las salidas profesionales son muy pocas en Latino América, por lo que muchos terminan emigrando a Estados Unidos y Europa.
Según un estudio de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), el 60% de los profesionales que emigran terminan trabajando en Estados Unidos y representan el 10% de los profesionales universitarios. Aseguran que los empleos profesionales que les ofrecen en sus países de origen no cumplen con sus expectativas de vida y se ven tentados por mejores sueldos y calidad de vida.
Es así que no importa si son profesionales de la salud o ingenieros eléctricos. Las universidades latinas siguen generando riqueza para Estados Unidos, que se ve beneficiado con los mejores exponentes de la comunidad académica latina.
Esta fuga de cerebros afecta a todos los países pero en Argentina se ha observado que cada mil emigrantes, 191 son profesionales, quienes también forman parte de aquellos que viajan a Estados Unidos a realizar cursos o seminarios y terminan trabajando como profesionales en alguna empresa.
Muchos comienzan con un contrato de prestacion de servicios profesionales temporal y terminan dirigiendo departamentos de investigación o de desarrollo, ya que la única barrera con la que cuentan es el idioma, un detalle que pronto es superado.
A pesar de que esta migración comenzó hace treinta años todavía no puede ser frenada, lo que acentúa aún más las diferencias de desarrollo, ya que los mejores exponentes del pueblo latino terminan trabajando para quien produce esta diferencia.
Ojalá algún día esta diferencia se diluya y los profesionales de nuestra tierra encuentren la forma de crecer en sus propios países y para su gente.