Con los cambios que ha procurado la ola de desarrollo tecnológico, la actividad de ir al cine para ver la película en cartelera o de asistir a un cine club para observar películas de otros tiempos, se ha desplazado hacia la intimidad del hogar. La tendencia a adquirir las películas en formato DVD ha generado que la sala de cine ya no esté repleta de espectadores emocionados. Y es que actualmente, con un proyector de video, un aparato DVD y bafles potentes, puede uno hacerse de un completo teatro en casa.
Actualmente, la venta de proyectores no está solamente destinada a las empresas, institutos académicos o personas que necesiten un proyector para conferencias, y presentaciones. Ahora, un proyector Philips, por ejemplo, busca a la familia, al apasionado del cine, a la persona hogareña. Busca convertirse en un electrodoméstico más como reemplazo de la mediana o pequeña pantalla de televisión por una que, improvisada en la pared, simule el estar en una sala de cine personal. Los proyectores multimedia gozan de una alta demanda en el mercado y ya son más las ofertas que brindan comprar un DVD junto con un proyector a un precio considerable.
Sin embargo, aunque es un teatro en casa una magnífica inversión, la magia de ir al cine y sentarse frente a una gran pantalla, esperar a que apaguen las luces observando las figuras en el techo de ese teatro antiguo, es una experiencia que algunos no cambian. Y eso es tranquilizante, porque es difícil imaginar un mundo que carezca de salas de cine, que reemplace estos lugares de reunión y de intercambio de opiniones por un recinto de oración de una religión nueva. Es una excelente idea adquirir un proyector digital, pero también lo es ir de vez en vez al cine, para encontrarse con otros espectadores que comparten el gusto por el séptimo arte