Cierta vez conocí a una joven percusionista proveniente de San Juan de Puerto Rico, de esa capital tropical por excelencia. Fue en una convención realizada en un hotel de Puerto Vallarta hace unos años, a la que asistimos unos camaradas músicos y yo – modestia aparte, dicen que toco el bajo eléctrico – con el fin de intercambiar apreciaciones e ideas sobre la música contemporánea.
Los hoteles en Puerto Vallarta estaban reservados en su mayoría por asistentes a la convención, y nosotros escogimos uno que conserva en su fachada unas imponentes puertas de madera preciosamente labradas. Ese hotel - ¡pero igual muchos otros!-, además de ofrecer el desayuno gratis, daba descuentos especiales por temporada; y como la convención de músicos no aconteció en temporada turísticamente atractiva, los músicos en general estuvimos muy contentos de que no costara tanto el alojamiento.
¿Por qué no escogimos otro hotel, uno de los tantos que tienen puertas automaticas que giran sin cesar coordinando como en una fábrica la entrada y salida de personas? Francamente porque pretendíamos apartarnos del tumulto, pero llegada la noche antes del día de la inauguración, era evidente que el evento había atraído a más concurrencia de la que hubiéramos podido cualquiera de mi banda conjeturar; y el hotelito de las puertas de madera estuvo, también, a reventar.
Fue un buen evento, mucha música, mucho rock, mucho trabajo de investigación (había que hacerlo) y el placer inenarrable de pasear por esas placenterísimas playas de Jalisco, tratando de caerle en gracia a la puertorriqueña de los tambores; no tuve éxito, pero la belleza del sitio era tal que no me inquieté por eso.
¿Usted vive cerca y quiere conocer? Aun si vive lejos, y desea enterarse más sobre este tema, quizás valga la pena acudir a esta Web site - http://www.puertovallarta.net/index-esp.html. Lamento que la convención hubiera tomado tan poco tiempo, y que al cabo de tres días hubiera tenido que regresar a casa. Y bueno, también lo de la puertorriqueña.