Fuente de la imagen :
reloj Medir el paso del tiempo parecía una tarea imposible. La primera manera que encontró el hombre para hacerlo fue mirar el cielo. Hoy, después de 3500 años de evolución, pueden encontrarse distintos tipos de relojes que nos permiten saber cuánto tiempo pasó... y cuánto nos queda.
Pero cómo pasamos de aquello a saber con exactitud las horas, minutos y segundos del día? El primer instrumento para medir el tiempo fue el reloj de sol, que permitía leer su movimiento. Con el paso de los años fueron creándose relojes cada vez más precisos y cómodos. El tiempo pudo medirse con arena, colgarse en la pared, llevarse en la muñeca, y hasta emitir sonido. Qué abuela no tuvo un reloj cucu que nos gustaba tanto mirar cada vez que sonaba? Quién no se perdió entre los dos bulbos del reloj de arena mirándola pasar?
Los cuadrantes circulares con dos agujas girando fueron aliados del hombre en su afán de organizarse. De esta manera la humanidad estableció horarios para todas las actividades a realizar. Se simplificó luego la lectura de la hora gracias al reloj digital. Éste pasó a tener sólo cuatro números, separados entre sí por dos puntos. El reloj casio comenzó a vestir las muñecas de hombres y mujeres. Los niños también hicieron uso de ellos, y gracias a su fácil lectura pudieron incorporar la noción de tiempo más tempranamente.
Así como todas las áreas tecnológicas, la medición del tiempo fue perfeccionándose cada vez más, hasta llegar al reloj atómico. El mismo es tan preciso que tarda 300.000 años para desfasarse un segundo! Este tipo de relojes se utilizan para calibrar equipos complejos y en redes de telefonía.
Cada uno de nosotros tiene un reloj biológico y sabe que el tiempo pasa a través de las señales del cuerpo. Pero cómo organizaríamos nuestra vida cotidiana si no pudiéramos ponerle un tiempo al trabajo, uno al ocio, uno al descanso? Cómo hacerlo sin un reloj? Mientras tanto, el tiempo... sigue pasando.