Las residencias para ancianos varían y aumentan distintamente entre las regiones del mundo. Por ejemplo en Québec, provincia canadiense, existe una cantidad importante de hogares para personas de la tercera edad. Desde pequeñas casas apacibles y acogedoras hasta elegantes hostelerías de más de 60 cuartos, prestan el servicio de albergar a señoras y señores seniles que buscan pasar en esos sitios, rodeados de gente como ellos, esa etapa de su vida.
En Cali, otra ciudad mediana pero esta vez al suroccidente colombiano, las casas y residencias regulares en las que un anciano podría pasar su senectud parecen más copadas. Aunque la cantidad de población anciana es mayor, proporcionalmente, en Québec que en Cali, pues Canadá es un país desarrollado que, como muchos ha sufrido una lenta renovación de su población, a simple vista se podría conjeturar que la residencia geriatrica es más demandada en Cali que en Québec.
Una posible causa podría nacer de lo inmanente de cada cultura, aspecto diferenciador. En Québec, a primera vista, la gente parece ser más independiente en sus actividades cotidianas que, por ejemplo, en una población latinoamericana como Cali. Así, en Québec es común observar solos en la vía a varios conductores entrados en años, que llegan a sus departamentos a pasar el resto de la tarde solos, atendiéndose por ellos mismos y afrontando la senectud en soledad. En cambio, sería más común en Cali ver a gente de la tercera edad llevada por su familia al médico o a la residencia para ancianos; ver hijas solteras cuidando a madres, ancianas que aún puede valerse por ellas mismas. El comportamiento de la familia es distinto entre estas dos urbes.
Un curso académico que estudiara la residencia senil en casa, en la calle o en ancianatos, que pretendiera dar luz sobre la movilización del envejecimiento de las sociedades, podría dibujar mapas sobre particularidades del desarrollo de cada cultura y tejer hipótesis sobre las figuras paternales y maternales que se configuran en una sociedad; sobre, por plantear algo, la obligación que algunos Estados ejercen hacia sus ciudadanos, mismos a los que desatiende en gran, y lo que deriva de ello.