Si usted está interesado en salir de su patria para radicarse en otro paÃs durante un buen tiempo, interactuar con la otra cultura y compartir con ella las costumbres de ambos pueblos, sepa que no existe mejor consejo que el siguiente: legalice de inmediato, tras su arribo, su situación jurÃdica de extranjerÃa, a fin de que obtenga cuanto antes su permiso de trabajo y residencia en el paÃs al que usted llegó; algo fundamental, piénselo, pues si desea conocer a la gente y quiere vivir entre ellos, va a tener que trabajar como ellos.
Cuando uno viaja solo con intención académica uno puede alojarse durante un tiempo, mientras se ubica en la ciudad a la que recién se llega, en una residencia universitaria; en la mayorÃa de los casos, las instituciones académicas dan información o hasta acogen en sus campus temporariamente a los estudiantes.
Hay un viaje mucho más largo, uno que todos emprendemos y a cuyo destino, sin embargo, no siempre llegamos. La vida a veces concede la posibilidad de una plena senectud, feliz en cercanÃa de los hijos y de los nietos; otras veces es más cruel e indelicada, y puede condenar a algunos viejecillos a un triste abandono. Por fortuna para las personas mayores solitarias, existe la opción de compartir una vida en conjunto con otras personas. Las residencias de ancianos suelen ser mal vistas por la gente; sin embargo son muchas veces los viejitos los que prefieren los cuidados que reciben en las residencias geriátricas.
Las residencias de mayores pueden llegar a ser, con suerte y el dinero necesarios, el paraÃso soñado de los dÃas de otoño de nuestros abuelitos. La atención que reciben proviene de cariñosas manos expertas en el cuidado y salud de los mayores. No es forzoso que todos vayamos a una residencia de ancianos cuando seamos venerables viejecitos como ahora nuestros abuelos lo son, porque siempre es posible que, como nuestros abuelos a nosotros, tengamos nosotros gente que nos quiera en ese futuro incierto.