Quizás de los planes que más entusiasman sean los de ir a cenar a un restaurante. Y acudir a la mesa, por ejemplo, de un restaurante italiano, puede ser toda una nueva experiencia para el paladar de una persona joven, que apenas está descubriendo los sabores del mundo.
Los restaurantes italianos tienen gran aceptación en muchos paÃses occidentales; las texturas y sabores de la culinaria itálica traen consigo – eso se dice – el peso de la tradición imperial de antaño, cuando el vino rosso, el aceto balsámico y oleo d’oliva se conocieron para dar sustento a una de las cocinas más conocidas del mundo. Pero la comida – toda ella – tiene de atraer nuestras miradas; el cientÃfico Román Gubern afirma que, junto con la mirada sexual (natural en todos los seres vivientes), la mirada alimenticia son dos impulsos irrefrenables; de manera que, por la misma razón que volteamos la cara persiguiendo la piel descubierta de una modelo en una valla publicitaria que pasó a nuestro lado a la velocidad del automóvil en el que viajamos, asà mismo nuestros ojos persiguen la presencia de viandas y alimentos; pues es instintivo, y tiene que ver con nuestra mera supervivencia. Es un comando que la evolución nos dio: “aliméntateâ€?.
Pero uno debe ir con mucho cuidado con la comida que desconoce, de todos modos. Los pueblos y las culturas son diferentes. Unos comen gusanos, otros hormigas, otros pan y otros escorpiones. Si usted quiere una experiencia nueva para su paladar, tome una guia de restaurantes de su ciudad y salga a conocerlos. Ya debe estar más que familiarizado con la estética y sabores de un restaurante chino; ahora pruebe visitando un restaurante japones, ¡pero cuidado con el wasabe!