Es un detalle histórico muy curioso que, a pesar de que nuestros antepasados aztecas hayan conocido la rueda (la ensamblaron a juguetes), no haya habido una aplicación práctica más significativa en lo concerniente a la costumbre de desplazarse. Seguramente nuestros ancestros gustaban mucho de ir a pie o no encontraban motivo para no caminar, y quizás, en razón de ello, dejaron a los niños el objeto sobre el que rodaban sus juguetes, mismo que en otra parte del orbe (en Sumeria, por lo que se sabe) habría de poner a girar el embrión de la sociedad industrial contemporánea.
La rueda ha sido piedra angular de nuestro desarrollo evolutivo como especie, y hay quienes arguyen que la civilización no pudo empezar a serlo del todo hasta que no hubo pleno conocimiento de que un objeto circular rodaba sobre el plano, y que tal situación generaba desplazamiento en el espacio. Desde que la mente humana asoció el concepto de desplazamiento al concepto de rueda, el camino hacia la sociedad contemporánea comenzó a delinearse. Las ruedas dentadas en los mecanismos, pero también las ruedas de coche, amén de las ruedas industriales son maneras en las que el concepto ha encontrado aplicación de cara a resolver algún tipo de problema. La rueda dentada es un ejemplo de cómo una pequeña innovación tecnológica sobre el invento inicial (los engranajes aplicados a la rueda) procura beneficios importantes a la sociedad que ha gestado tal desenvolvimiento tecnológico.
Desde los sumerios o los aztecas hasta las sillas de ruedas electricas de la actualidad ha corrido mucho tiempo durante el cual el mismo concepto, que ha permanecido inalterable durante toda la Historia desde su descubrimiento, ha encontrado aplicación en una variedad incontable de herramientas corrientes de nuestra cotidianeidad. Inventar la rueda. Parece fácil. Pero es todo un logro intelectual.