La rueda es una innovación que desarrolló la Humanidad hace varios miles de años, y que desde entonces, ha sido incorporada a la tecnologÃa de casi todos los pueblos que la conocieron; el uso actual más común que hemos dado a ese invento salta a la vista en los carros.
Las ruedas de coche expresan el principio geométrico fundamental en la utilidad de ese invento antiquÃsimo y revolucionario y, en ese sentido, podrÃamos asegurar que las cuatro sobre las que rueda el coche indican un triunfo de la inteligencia y de nuestra civilización. Un descubrimiento aparentemente tan sencillo (quizás procedente de la observación detallada de troncos circulares rodando en un declive, o de rocas cuasiesféricas cuesta abajo en un barranco) ha dado surgimiento a innumerables aplicaciones prácticas sin las que – se debe afirmar – serÃa nuestra cultura todo menos lo que es hoy en dÃa.
En algún momento entre la Edad Media y la Edad Moderna, cuando habÃa transcurrido suficiente tiempo macerándose el invento, y a decir verdad, cuando ya era más que conocida la rueda por casi todas las sociedades del planeta, se llevó a cabo una importante innovación sobre el invento milenario y se le añadieron los engranajes a fin de que la rueda transmitiera la energÃa cinética (la de su movimiento) a otras ruedas conectadas entre sÃ. AparecÃa entonces la rueda dentada; y gracias a las ruedas dentadas se erigió el poderoso sistema de producción actual. Para el cual las ruedas industriales prosiguen aportando un valioso soporte, mismo que suele darse por sentado, como si no hubiera habido antes una evolución del conocimiento y de la técnica, y como si las ruedas que soportan el peso de la producción (o del trabajo en la oficina) no fueran las portadoras del ingenio humano, que al ver rodar las rocas…