Por estos días ya empiezan a escucharse los encabezados “Querido Santa Claus, para esta año quiero...” Desde noviembre, la casa de Santa Claus empieza a llenarse de cartas de niños de muchas partes del mundo. Sin embargo, es necesario descargar a Santa Claus de todo el peso de los regalos navideños, pues hay algunos infantes que le piden es al Niño Dios y otros a sus propios padres.
Si Santa o Papá Noel existiera realmente y estuviera sólo en el trabajo de entregar los regalos en navidad, no tendría un trabajo nada fácil. No sería 1 Santa Claus ni 2 sino más bien un ejercito de ellos el que se necesitaría para semejante tarea. Todas sus representaciones, el Santa Claus de Coca-Cola, el de los Simpsons y hasta el de Futurama tendrían que volverse reales para visitar todos los hogares en la noche de navidad.
Sin embargo, las diferentes culturas alrededor del mundo tienen distintos ritos navideños que incluyen a personajes mágicos, como este anciano y simpático señor, vestido de rojo y blanco, que visitaría sólo a los niños del Norte de América.
Estas personificaciones que salen de la imaginación de los pueblos son expresiones del misticismo y la magia que las personas sienten en diciembre. Un mes en donde más allá de los regalos, las cenas y las celebraciones, lo que reúne es el espíritu de compartir y de festejar la vida que pasa sin detenerse, que inaugura un año más, en el que los deseos se renuevan y todos esperan el comienzo de 12 meses mejores que los que acaban de pasar.