Quizás uno de los peores inconvenientes de tener oídos es que uno está expuesto a escuchar cualquier estupidez. Piénsese que si uno está viendo la televisión o fija su vista sobre la pantalla del cine, puede siempre voltear la mirada o taparse los ojos cada vez que no se quiera observar lo que las imágenes cuentan. Pero con los oídos es distinto. Para formular la idea desde otra perspectiva imagine que usted va a dormir, es de día y la luz le molesta. Basta con que se tape los ojos con un retazo de tela. Pero si hay bulla, o en las noches lo atormenta la falta de delicadeza de su vecino del piso de encima, que le despierta a cada instante azotando sus partencias, usted forzosamente tendrá que recurrir a unos tapones para los oidos (oídos, con tilde); sin ellos, es casi improbable que pueda dormir, pues nuestros oídos están siempre alerta. Puede conseguir unos tapones de plástico y probar con ellos, los que las aerolíneas acostumbran regalar a los viajeros dan buen resultado.