Las infusiones de te tienen más de 20 decenas de variedades. El te, proveniente de la China, es una bebida milenaria que ha adquirido distintas formas de producción a través del tiempo y del contacto con otras culturas. Los múltiples gustos y diferentes modos de consumir té son el resultado de un acto que ha adquirido una significación especial en los distintos pueblos.
La utilización de tazas de te o de una tetera para mantener la infusión o si el te está en hebras, en hojas o en saquitos, son algunos de los detalles que cambian el acto de tomarlo. En su China natal, el te es tradicionalmente tomado en hojas; sin embargo, existe también una gran producción de hoja trillada.
Los cuatro tipos esenciales de té deben su clasificación a los procedimientos que son utilizados para su cultivo, recolección y tratamiento. El te verde, por ejemplo, no tiene oxidación y es uno de los tés más frescos. Las hojas se recogen y se trillan rápidamente, de allí su frescura. El te rojo, por su parte, es una derivación del té negro. En China se le conoce como el Pu-ern y es tomado de forma medicinal. Otro conocido es el té blanco, que debe su nombre a que las hojas con las que se hace son jóvenes y no han pasado por el proceso de oxidación, además de que la planta ha permanecido sin sol para evitar la clorofila.
El té es una bebida que va de la mano de la conversación. Una bebida tranquila, sirviente a bastantes necesidades corporales. El té es tanto una costumbre como un hábito tradicional y benéfico. Mientras permanezca la humanidad en vida, habrá té para rato.