El giro de los ventiladores de techo me hace recordar las tardes calurosas de mi ciudad, al suroccidente colombiano, enclavada en el centro del Valle del Cauca y a solamente 900 metros sobre el nivel del mar. Me hace pensar en techos de madera y teja, tan comunes en las zonas tórridas, donde el calor es tal que la palabra calefacción no se registra dentro del orden de lo cotidiano.
Tardes de muchos remotos veranos las dediqué a pintar techos para hacerme dinero que gastar; vi de cerca techos prefabricados, techos que se hacen aparte, desarticuladamente, y que posteriormente se instalan sobre la estructura.
Vi otros tipos de techo; los techos corredizos me impresionaron merced a su practicidad; un claro de luna puede desparramarse a sus anchas en el living con sólo pinchar un botón: el techo se desplaza, se recoge y permite que las estrellas lluevan dentro de la casa una noche de verano.
SÃ, los ventiladores de techo me hacen pensar en mi ciudad, donde el calor es tal que los techos transparentes no son muy apetecidos, debido a que no precisamente, a 37ºC, quisiera uno guarecerse bajo un techo que permite la entrada libre de los rayos del sol inclemente de Santiago de Cali.
Los techos transparentes son en cambio muy valorados en lugares donde el clima es más templado. Un techo que permita el ingreso de los rayos del sol aquellos dÃas frescos es un lujo que para muchos ha devenido necesidad. Como necesarios son los ventiladores de techo en mi ciudad, es muy calurosa.