Las telenovelas son un producto cultural que, dentro de la lógica industrial, se produce tal cual como si se tratara de salchichas, una tras otra, una tras otra; y asà como las salchichas en fila salen de la banda transportadora listas y enlatadas para el consumo, las novelas – en términos no tan generales exactamente iguales las unas a las otras, ya veremos por qué – salen de las productoras de televisión listas para el consumo cultural.
Si usted examina con atención el argumento de la telenovela la Ex, o el de la telenovela pasion de gavilanes y los compara con la trama de la telenovela corazon salvaje, encontrará sin ninguna duda gran cantidad de similitudes. En ambas hay amores frustrados, villanos que se oponen al triunfo del bien, circunstancias que ponen en riesgo a los protagonistas, duelos, tristezas y, al final, una hermosa alegrÃa, la consumación – idéntica en casi todas las novelas – de los deseos del personaje protagónico. Haga el ensayo, compare la telenovela Quinceañera con la telenovela Chiquititas y cuestiónese acerca de sus similitudes, que, como verá, son muchas; tantas, que una vez uno es consciente de esa situación, difÃcilmente puede volver a sentir apego por las historias de telenovela, dulzonas, repetidas hasta la saciedad en su estructura. ¿Pero, por qué gusta tanto a la gente?
En la telenovela el amor real existe, a diferencia de la vida real, donde los amores son pasajeros y llenos de sufrimiento. La telenovela recoge ese sufrimiento nuestro para construir con ello la vida de los personajes, una vida de fantasÃa que permite alejarnos de las penurias de la vida real. Si usted ve la telenovela la Otra, ya ha visto todas.
Pero a la gente, que no le inquieta semejantes tonterÃas, le seguirá gustando las novelas televisadas; y siendo eso asÃ, la televisión seguirá teniendo mucho quehacer.