El patron de los tragos mexicanos es el tequila, un licor que tiene su origen y su nombre en la región de Tequila en el Estado de Jalisco. Este licor se obtiene a partir de la fermentación y la destilación del líquido obtenido del agave. El agave, es pues, el componente mas importante para la fabricación del tequila; una planta de hojas largas y carnosas, que nacen desde la misma raíz. La variedad de agave es tan extensa, que de un otro tipo de ésta se obtiene otro licor tan excelso como el más premium tequila; es el caso del mezcal.
El mezcal nace en el estado mexicano de Oaxaca. Es una mezcla de varias especies de agave. Se realiza con la penca o la corteza de esta planta, de la que, después de varios procesos, como fermentación y destilado, se obtiene un licor fuerte en su estado primario. Los posteriores procesos de añejamiento producen sea un mezcal blanco, reposado o añejo.
El licor de una botella de Don Julio Tequila puede diferenciarse del fabricado en otra casa destiladora, como el de la casa Jose Cuervo también productora de tequila. En el caso del mezcal, la diferencia en su gusto se encuentra ligado, además del tipo de destilación, a los diferentes frutos o plantas que se le agreguen. Así, el famoso mezcal de gusano, por ejemplo, debe su diferencia a la larva del insecto volador que pica al agave. La presencia del gusano en el mezcal, además de tener influencia en el sabor, expresa la característica de ese tipo de mezcal: producido con una no muy buena elección de las hojas de agave.
El mezcla y el tequila, dos licores propios de México surgen pues de una planta que ofrece mucho de ella pidiendo casi nada a cambio. Con el agave, además de estas bebidas, se puede elaborar cabuya, papel y otros líquidos sin alcohol benéficos para la salud. He allí una de las maravillas de la naturaleza.