El timbre de un sonido se podría definir como la calidad precisa que lo caracteriza y lo diferencia de otros sonidos. Los tonos de timbre, o lo que lo hace particular y lo singulariza de los diversos sonidos, dependen de la “forma y los elementos que entran en vibración”, definido por la Real Academia de la Lengua. De esta forma, se podría hablar del “timbre del violín” o del timbre de voz.
Claro está que si hablamos de un timbre postal, el sonido no entrará a formar parte de su definición. Cambiando de connotación, ahora el objeto será un pequeño papel con algún motivo impreso, que indica que el importe por el correo fue pagado. En otras palabras, los timbres postales son estampillas o sellos de correo, llamados así en algunos países de América Central.
Igualmente, la caprichosa y multifacética palabra, timbre, sigue portando más significados y en diferentes contextos. En otro caso, aquel sustantivo señalará más bien un sello, generalmente en seco, que resaltará de la superficie de la hoja en el que se aplique. Según el contexto, el timbre en un documento podrá indicar que se ha pagado un impuesto determinado, que entonces será llamado “impuesto de timbre”.
Y claro está, no sería posible dejar por fuera otras significaciones; como por ejemplo, el timbre que tiene múltiples tonos[ en un teléfono movil, aparato que cada vez que indica una llamada entrante puede sonar de un modo distinto. O el timbre de la propia casa, que cada vez que se escucha recuerda otro uso de esta palabra, aquella que designa también el sonido que suena en las escuelas para anunciar el principio y el fin de los cursos y el anhelado recreo o descanso. ¡Vaya polifacética palabra!