La magia ha sido una característica típica del ser humano. Incrédulos, fanáticos, indiferentes, todos hemos estado presos de la magia. Y no estoy diciendo que existe, estoy afirmando que todos y todas en algún momento hemos querido que la magia nos inunde y un milagro funcione.
¿Y cómo no? nuestra cultura occidental proviene de griegos y romanos. El término es acuñado por los magos de la antigua Babilonia, aunque las prácticas provenían de los pueblos Bárbaros y Celtas. Es bien sabido que los romanos asumen dichas culturas al invadirlas trayendo consigo, por ende, cultos a los dioses que rayaban con la magia. La mitología griega -a saber- no hace otra cosa que narrar la interacción entre mortales, héroes, dioses y diosas. Juntos y revueltos vivían "La humanidad" que creían ser; así mismo pedían a sus dioses a través de rituales, favores, consejos y milagros. No es de sorprendernos la mágica seducción que tenemos hacia el tema.
Por supuesto los intereses varían, todo de acuerdo a las intenciones y las curiosidades que el tema suscite. Por ejemplo, a los niños y niñas emociana el tema, pero no la ligado a la hechicería, sino al juego de maniobrar con aquellos trucos de magia impresionantes. ¿Quién no jugó con el set de magia? Particularmente no tuve uno, pero jugué con el de mis amigos, recuerdo que incluían datos sobre como hacer trucos de magia con monedas, también trucos de magia de ilusionismo. El set traía el clásico sombrero, la varita mágica, cartas y un manual para aprender los mejores trucos de magia con cartas. Jugabamos aprendiendo trucos de magia y nos divertíamos sin parar.
Creo que este fue el origen cierta incredulidad hacia el tema, pues supimos que todo era un truco, una habilidad de las manos, una ilusión. Aunque a veces, por esa misma condición de ser humano se nos antoje un milagro, quizá visitar a un mago para que cure tantas cosas que empiezan a doler y que ningún truquito evade. Los que no creemos en la magia, por fortuna nos quedó el psiconálisis y un diván.