Una de las labores más deliciosas y exclusivas debe ser la del sumiller, esa persona que estudia los sabores profundos y característicos de cada vino, junto con su aroma y la atmósfera que esta bebida ofrece en su conjunto al ser degustada. Los mejores vinos franceses debieron pasar por el gusto de un experto sommelier que, de acuerdo a sus estudios gastronómicos y enológicos puestos en práctica, legitimó la calidad de estos vinos. Así, podría aventurarse que los grandes vinos de Francia confirman su nobleza al pasar por el paladar de un reconocido sumiller.
Parece que el origen de este oficio surgió poéticamente hace millares de años, encarnado en Ganímedes un joven pastor que servía el néctar a los dioses. Pero también se reconoce como al primer sumiller a Sante Lancerio, seguidor del Papa Pablo III. Lancerio fue el encargado de seleccionar los vinos y las viandas para el Papa, durante toda su carrera. Muerto el Papa, Lancerio escribió un libro, valorando gran cantidad de vinos italianos, que dedicó al Papa. Aquel fue de los primeros tratados sobre el vino.
El sumiller es el encargado de guiar al cliente en la escogencia de tipos de vinos franceses, por ejemplo, en un restaurante. Si el comensal desea pescado, quizás los vinos blancos de Francia serán los recomendados. Un buen sumiller también estaría capacitado para confeccionar una guia de vinos franceses, italianos o españoles, por nombrar algunos de los más reconocidos y de distinguir en ésta las particularidades de cada vino y su marinaje o combinación adecuada con cada tipo de comida.