Algunas vez en alguna sesión lejana de mis cursos de periodismo escuché decir que la publicidad era algo así como la vitrina de mostrador a través de la cual la sociedad industrial contemporánea, la sociedad de consumo (o de las comodidades, como la llama Román Gubern), se exponía al consumidor, día tras día, a través de la televisión, la radio, la prensa y en fin, por medio de los medios masivos de comunicación. Y no hace falta más que pararse delante de las vitrinas de cristal de cualquier centro comercial para entender a qué se refería esa alusión. Las vitrinas expositoras son el punto de encuentro entre las diferentes mercancías de cuyas virtudes habla la publicidad al consumidor y el consumidor mismo, que las contempla expuestas a la vista ya no en las vitrinas mediatizadas, sino en las vitrinas comerciales.
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